Mostrando entradas con la etiqueta Doña Isabel (teatro-guion). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Doña Isabel (teatro-guion). Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de junio de 2011

Doña Isabel 11:

ISABEL : ¿Te das cuenta?, formas de matar el tiempo mientras los viejos esperan la llegada de la muerte. En el caso de personas solas y decrépitas podría entenderlo, pero ¡cuantisimos hay que están como almendros en abril! Es un disparate, el tiempo es único y sagrado. Se dice que les ha llegado la hora de descansar, ¿descansar de qué? ¿de vivir?
AGUSTIN : Vuelve a lo nuestro, por favor.
ISABEL : En definitiva, la cuestión es que se muy bien lo que no quiero, pero poco más. Por este motivo me he empeñado en venir aquí. Galicia es un lugar mágico, un centro de poder y este es un año muy especial.
AGUSTIN : ¿Especial? Todo lo extraordinario de este año está dictado por la Iglesia y patrocinado por los Gobiernos.
ISABEL : Lo se. No obstante, en esta ocasión estoy dispuesta a aceptar a la iglesia como intermediaria entre dios y los hombres: una especie de voto de confianza. Aunque como sabes, opino que la mayoría de sus ministros no son tan de ley como deberían. Reconozco que en determinado momento fueron ungidos y, ¿quien sabe? puede que a alguno de ellos, al pisar el suelo de esta tierra, se le despierte ese no se qué imprescindible para un maestro espiritual.
AGUSTIN : No contaba con esto... Me sorprende verte dispuesta a reconciliarte con los curas.
ISABEL : No es eso. No creo que en el fondo haya diferencias fundamentales entre los sacerdotes de cualquier religión, emisarios entre lo divino y lo humano, ya te lo he dicho.
AGUSTIN : Los sacerdotes que vas a encontrar aquí con católicos y no se distinguen precisamente por su espiritualidad.
ISABEL : Alguno habrá en alguna parte... Y si no es un cura será una monja, un espíritu o una meiga, o... tú mismo. Si aquí no encuentro a nadie, ¿para qué ir a la India?
AGUSTIN : ¿Qué buscas exactamente? Estoy confundido...
ISABEL : No se qué estoy buscando, Agustín. Ni siquiera se si estoy buscando algo. Lo único que se, como te decía antes, es que quiero tener una vejez feliz en cuanto que vivida con plenitud. No quiero que la muerte, cuando venga a por mí, tenga que arrastrarme en medio de un sofocón, sino irme con ella mansamente, sin arrugas en la frente. En conjunto estoy satisfecha de mi vida, excepto de los últimos años y no me gusta el futuro que preveo.
AGUSTIN : ¿Y...?
ISABEL : ...Pues... Pues he querido venir aquí para poder ver con claridad qué es lo que busco y qué debo hacer para conseguirlo.
AGUSTIN : Puede que lo encuentres y, ¿entonces?....

martes, 31 de mayo de 2011

Doña Isabel 10:

SEGUNDO ACTO - Cuadro Primero

(En el porche de la casa gallega. Hay una mesa, bancos y butacas. Agustín e Isabel salen del interior y se sientan. Es de noche).

AGUSTIN : La casa está bastante mejor de lo que yo me había imaginado y a ti, ¿qué te parece?
ISABEL : Estupenda. Estoy contentísima. ¡Que suerte que hemos tenido!, ¿no crees?
AGUSTIN : ¿Oyes el mar?
ISABEL : Claro y lo huelo... Agustín, quiero que hablemos.
AGUSTIN : Lo sé, te esperaba desde que te empeñaste en hacer este viaje. Dime, la famosa promesa... no existe, ¿verdad?
ISABEL : Como juramento dado a alguien por algo, no. Lo que sí había era una firme voluntad de venir.
AGUSTIN : Comprendido. Tú dirás lo que te ronda por la cabeza.
ISABEL : No me es fácil empezar, ¿sabes?
AGUSTIN : De cualquier manera y por cualquier sitio, ¿acaso no somos amigos?
ISABEL : Amigos del alma, espero. Tú, mejor que nadie, sabes de mi interés por este viaje y seguro que te has preguntado el por qué.
AGUSTIN : Sí y tengo algunas teorías, no creas, pero me gustará oír lo que quieras decirme.
ISABEL : (Cohibida). Es algo que tiene que ver también contigo. Te lo explico y luego tú, si te parece, me das tu punto de vista, ¿si?
AGUSTIN : Vamos a ello.
ISABEL : Verás, llevamos muchísimos años juntos, viviendo familiarmente, nos estamos haciendo definitivamente viejos y yo... en fin, creo que no estoy preparada aún. Ya, ya se que estos últimos años podrían haberme servido de entrenamiento y así ha sido: me han hecho darme cuenta de que cierto tipo de vejez no me interesa. Aún tengo la lucidez suficiente para saber que quiero seguir estando viva y feliz. Pasé alguna que otra amargura cuando, alrededor de los cuarenta, me empezaron a salir arrugas y mi carne perdió firmeza, pero en este momento acepto la edad y no solo no me desagrada sino que incluso quiero disfrutar de ella, ¡disfrutar!, ¿comprendes?
AGUSTIN : Aún no estoy seguro.
ISABEL : Los modelos de ancianidad que veo a mi alrededor me desconsuelan. No los censuro, no voy a entrar en la vida de nadie. Sin embargo, no los quiero para nosotros, no los quiero para mí.
AGUSTIN : Continúa.
ISABEL : Quiero que seamos viejos, es decir, consecuentes con nuestra edad, viviendo, participando, siendo útiles, estando integrados...
AGUSTIN : (Con sorna). ¿Acaso no te satisfacen los pasatiempos que todo el mundo organiza con esmero para entretener a las personas de la tercera edad?

domingo, 29 de mayo de 2011

Doña Isabel 9:


ARACELI : Estoy hablando del viajecito compostelano, papá, no te hagas el ingenuo.
AGUSTIN : Por el amor de dios... Es que no comprendo, sinceramente, que te haya revuelto tanto. Te ha cogido de sorpresa, de acuerdo, no hay más. Ahora piénsalo y, si decides no ir, me lo avisas y en paz.
ARACELI : Y yo seré la rara y la despegada; como siempre aguando la fiesta de los demás.
AGUSTIN : No, no, que va... Mira, inicialmente, mamá y yo pensamos hacer el viaje solos, pero nos pareció mal no contar con vosotros; cabía la posibilidad de que os apeteciese, ¿que no?, tranquilidad, no pasa nada.
ARACELI : Ya. Eso es lo que tú dices, pero habrá que ver la cara de mamá de ahora en adelante... me la puedo imaginar.
AGUSTIN : ¿Un secreto a pachas?... Creo que ella prefiere que vayamos solos para no tener preocupaciones y obligaciones y dedicarse con tranquilidad a hacer turismo. (Gesto airado de Araceli). No me malinterpretes. Lo que intento decir es que si vamos todos hay determinadas cosas que haremos en común, es razonable; que si una comida en tal sitio, que si cenamos en casa hay que respetar un horario... Si vamos solos, ya conoces a tu madre: un bocadillo cuando sienta hambre y a seguir con lo suyo.
ARACELI : ¿Y nosotros le vamos a impedir hacerlo?
AGUSTIN : Tu también tienes una familia a tu cargo, ¿nunca te apetece tener un ratito privado para ti?, y ¿acaso significa eso que tus hijos te estorben? Mi opinión es que estás desquiciando un poco las cosas y el carrete se está quedando sin hilo. ¿Quieres venir?, estupendo, seguro que lo pasaremos bien, ¿no quieres venir?, estupendo igualmente, haremos lo posible para no estar tristes, no tienes que preocuparte.
ARACELI : No te enfades tú también conmigo, ya sería lo único que me faltaba.
AGUSTIN : No me he enfadado, aún. Solo creo que te debe de pasar algo, tú sabrás qué es, y lo estás pagando con lo que tienes más a mano: el viaje.
ARACELI : O sea...
AGUSTIN : O sea: una pataleta con doble fondo. Si en algún momento quieres que hablemos, ya sabes donde vivo; y ahora me voy a dormir.
ARACELI : ¿Estás cansado? ¿Tienes mucho sueño?
AGUSTIN : No, no mucho, los viejos... ya sabes.
ARACELI : ¿Te encuentras cómodo con la vida que hacemos, papá? Quiero decir que si no echas de menos tu vida de antes, cuando mamá y tu vivíais solos.
AGUSTIN : Antes era feliz, ya sabes, un estar más o menos bien en general y ahora soy feliz también. Siempre procuro adaptarme a las situaciones y sacar el mayor partido posible. La felicidad se la hace uno a medida.
ARACELI : Si lo permiten las circunstancias.
AGUSTIN : Y si no, también. Por adversas que puedan ser, es posible encontrar motivos para no estar desastradamente mal, aunque haya momentos duros en los que haga falta verdadero empeño.
ARACELI : Eso se llama conformismo.
AGUSTIN : ¿Y es malo? ¿Te parece que la alternativa de la rebeldía amargada e insatisfecha es mejor?
ARACELI : ¿Esa es mi postura?
AGUSTIN : No soy tu juez. Definetela tú misma.
ARACELI : Pensaré en ello, en serio, pero ahora dime: ¿te parezco amargada e insatisfecha?
AGUSTIN : Eres muchas cosas buenas y muchas otras malas, como todos, aunque de un tiempo a esta parte te veo más veces como bruja que como hada.
ARACELI : Y a mamá, ¿cómo la ves?
AGUSTIN : Estamos teniendo una conversación entre tú y yo sobre ti. Nadie más.
ARACELI : Pero a mí me interesa saber si la culpa de nuestras difíciles relaciones es suya o mía.
AGUSTIN : Brujita... me preocupas. ¿Me harás recordarte que cuando una relación no funciona no hay un único culpable? Es posible que las dos esteis cambiando de ciclo vital, aunque a ti te veo más encerrada en tu capullo que a ella. ¿De qué sirve angustiarse tanto? Volverás a ser una magnífica mariposa, aunque tengas que acostumbrarte a los nuevos colores de tus alas. ¿Qué es eso para un hada? Y ahora ya sí; buenas noches, hija. (Un beso).
ARACELI : Buenas noches, papá.
(Sale Agustín).
¡Papá! (Desde el quicio de la puerta). Cuenta con nosotros para las vacaciones.
AGUSTIN : (Voz interior invisible). De acuerdo.

Telón.

viernes, 27 de mayo de 2011

Doña Isabel 8:

ARACELI: No. Lo mire por donde lo mire, las alternativas que se me ocurren me hacen sentir tan culpable que prefiero mantener las cosas como están, aunque acabe teniendo que pedir tranquilizantes al médico.
RAMON: Eso no nos sirve para nada. Tu madre, supongo que por distintos motivos, también lo estará pasando mal y no nos olvidemos del abuelo, que está el hombre entre dos espadas.
ARACELI: Pues como no seamos valientes... Desde luego, serlo es lo mejor y lo más honesto. Nos reunimos, les explicamos, hablamos y decidimos: o se van ellos al otro piso o volvemos nosotros.
RAMON: Seguramente es lo mejor... Aunque necesitamos un tiempo para reposarlo. El qué hacer está muy claro, tenemos que estudiar el cómo. Por cierto, si saliesen a colación las residencias...
ARACELI: No. En el peor de los casos nos iríamos nosotros.
RAMON: A lo mejor a ellos no les desagrada la alternativa; en cualquier caso es una opción más a tener en cuenta.
ARACELI: No digas bobadas. No veo yo a mis padres en una residencia, por buena que sea y ellos tampoco se ven, estoy más que segura. Y, sobre todo, ¿cómo podríamos consentirlo?
RAMON: Si fuese decisión suya, ¿tampoco se la respetarías?
ARACELI: En ese caso habría que vender un piso para ayudar a pagar una que sea digna porque con su pensión no les llega y el producto de la venta del otro no es suficiente; tendríamos que deshacernos de éste.
RAMON: Sí que te tiene preocupada este asunto.
ARACELI: Vamos a dejarlo por hoy, tengo la cabeza a punto de explotar.
RAMON: Dejémoslo, sí. Vamos a acostarnos, anda.
ARACELI: Ve tú. Yo tengo que buscar unos papeles que necesito llevar mañana al despacho.
RAMON: Es tarde... y la mañana llega pronto.
ARACELI: Sí, pero no tengo sueño. Últimamente voy necesitando menos almohada... (Sonrisa irónica de Ramón). No me lo digas, ya lo se: la vejez que acecha.
RAMON: Buenas noches.
ARACELI: Que descanses. Buenas noches.

(Sale Ramón y Araceli se sienta en su escritorio para buscar sus papeles).
(Entra Agustín en bata).

AGUSTIN: ¿Aún no te has acostado?
ARACELI: Busco unos documentos que necesito para mañana. Y tú, ¿por qué no duermes?, ¿te encuentras bien?
AGUSTIN: Perfectamente. Me quedé dormido escuchando la radio y cuando al pararse me he despertado, he visto reflejo de luz; como no he oído a nadie creí que os habíais olvidado de apagarla.

(Pausa incómoda).

ARACELI: ¿Tu también tienes alguna promesa que cumplir?
(Silencio incómodo).
¿Te apetece realmente ir a Galicia o te conformas?
AGUSTIN: Me apetece, Araceli, aún sin promesas por mi parte y no me importaría nada que me contases, aunque fuera someramente, por qué te ha molestado tanto la idea.
ARACELI: Es que no voy a consentir que los caprichos de mamá pongan a mi familia patas arriba.
AGUSTIN: ¿A que te refieres? ¿Es que habéis regañado por algo?

miércoles, 25 de mayo de 2011

Doña Isabel 7:

ARACELI : Estoy arrepentida de habernos venido a vivir aquí. Creo que cometimos un error. Añoro tanto nuestra vida independiente; aunque estuviéramos lejos del centro y en un piso pequeño, era nuestra casa. Nunca se deben aceptar favores de la familia porque la deuda es eterna... Además cuando se hizo el trueque de los pisos di por supuesto que, una vez que mi madre se hubiese restablecido por completo de la operación, ellos se irían a su nuevo piso, independientes también. Si me hubiera imaginado esto, creo que no habría aceptado.
RAMON : Sí lo habrías aceptado, Araceli. Recuerda que cuando tus padres nos lo propusieron no podíamos creérnoslo, era magnífico. Un piso estupendo, grande y céntrico, por otro pequeño e incómodo en los suburbios. Sin empeñarnos, pelo a pelo. No más atascos de tráfico, no más madrugones inhumanos. La realidad superó nuestros sueños más ambiciosos. ¿Se te ha olvidado?
ARACELI : No lo he olvidado, pero insisto en que contaba con que mis padres se irían a su nueva casa.
RAMON : Esta es su casa, aunque hayan puesto los papeles a nuestro nombre. Aquí han vivido toda la vida.
ARACELI : Todos lo sabemos, lo mismo que lo sabíamos entonces.
RAMON : A mí, personalmente, no me molesta que vivamos juntos. Puede que de cuando en vez haya ratos difíciles, un poco agobiantes, pero se que seguiría habiéndolos aunque ellos no estuviesen aquí, porque ¿quien no necesita un tiempo de soledad? A ellos les pasará lo mismo, ¿cómo no? Son las cosas de la convivencia, perfectamente asimilables.
ARACELI : Dichoso tú; yo, sin embargo, tengo indigestión. Mi padre no me incomoda, puedo vivir en la misma casa que él sin mayores problemas, pero mi madre... Ya, ya se que para ti no hay gran diferencia, pero eso es porque eres hombre y porque no eres su hijo, si no, te sentirías como yo me siento: observada y juzgada.
RAMON : Por favor, no dramatices tanto que soy yo, Ramón.
ARACELI : ¿Acaso piensas que voy contando esto a todo el mundo?
RAMON : ¿Tan intolerable te resulta la presencia de tu madre?
ARACELI : Sí.
RAMON : Y no es una mala racha.... ¿seguro?
ARACELI : Seguro.
RAMON : ¿Algún atisbo de solución?

domingo, 22 de mayo de 2011

Doña Isabel 6:

ARACELI : ¡Es que esta situación se me hace ya intolerable! Estoy muy cansada, trabajo todo el día y cuando llego a casa aún he de continuar ocupándome de cinco personas además de mí misma. Mi madre, afortunada ella, con arreglar su dormitorio y su cuarto de baño ya lo tiene todo hecho y se puede recrear el resto del tiempo con sus libros y sus paseos.
RAMON : Para, para, te recuerdo que viene una asistenta tres días a la semana y que cada habitante de esta casa tiene asignadas sus obligaciones y, respecto a la cocina, que posiblemente sea el núcleo de mayor ocupación, te lo concedo, tu misma le prohibiste expresamente a tu madre que entrara en ella a guisar.
ARACELI : Yo no le he prohibido nada a mi madre, ¿qué estas diciendo...?
RAMON : Recuerda que cuando vinimos a vivir a esta casa ella tenía ya prácticamente superada su convalecencia y colaboraba contigo en la cocina, pero cada día discutíais más y más fuerte hasta que tú decidiste que dos mujeres no podían guisar juntas y asumiste el mando haciéndote cargo de todo el trabajo.
ARACELI : Es que ya no podía aguantarlo más... Si yo cocinaba un plato, ella tenía que poner su guinda arruinando mi punto...
RAMON : Te ofreció ocuparse de la cocina en solitario ya que tu trabajabas fuera de casa.
ARACELI : ¿Y en qué lugar hubiera quedado yo? En el de una imbécil incapaz de ocuparse de su familia.
RAMON : Otra vez no, por favor. Admiro tu facilidad para pasara del lamento al reproche, pero hablemos con serenidad, ¿quieres?
ARACELI : Pensaba que lo estábamos haciendo antes de que empezaras a censurarme.
RAMON : Está bien. Discúlpame. ¿Qué pasa entre tu madre y tú, prescindiendo de las comiditas, para que salten chispas cada vez que intentáis dirigiros la palabra?
ARACELI : Si yo lo supiese... Está resentida conmigo por algo que no es la cocina, de eso estoy segura, y a veces se le llena el tarro y desborda agresividad.
RAMON : ¿Y tu resentimiento hacia ella?, ¿cuál es?
ARACELI : ¿El mío? ¡¿Qué dices?! Reconozco que a veces me pongo desagradable, una defensa, de acuerdo, pero es que de un tiempo a esta parte parece que soy una visita en mi propia casa, ¡que digo una visita!... en ese caso se tendrían en cuenta mis opiniones.
RAMON : Te defiendes pero no respondes. Me parece que hay algo que debemos solucionar para que la vida familiar en esta casa no se vuelva ingrata. La discusión de esta noche se soluciona con un parche, pero ya tiene tantos la rueda que, cualquier día, por lo más insignificante...
ARACELI : ¿Me guardarás un secreto? Nadie más lo sabrá nunca, solo tú y yo, ¿sí?
RAMON : Tienes mi palabra.

sábado, 21 de mayo de 2011

Doña Isabel 5:


Cuadro Segundo :

(En el salón. Se observa que la cena terminó. Araceli y Ramón, tomando café, están solos).

ARACELI : ¡Que gloria de soledad!... ¿Por qué es tan difícil algunas veces? Hay cientos de libros sobre psicología infantil, pero no hay quien se anime con la psicología senil.
RAMON : Los hay, pero no te servirían de nada porque tus padres no están seniles, si te refieres a eso; solo tienen unos cuantos años más que nosotros y tú, por lo general, sueles ser muy injusta, Araceli.
ARACELI : Vamos a dejarlo si no te importa, que el tema está ya muy hablado.
RAMON : Está bien. Hablemos de nuestras vacaciones para poder contestar a tu padre.
ARACELI : A mi padre, sencillamente, se le dice que no cuente con nosotros. Luego, con tranquilidad, ya pensaremos dónde podemos ir.
RAMON : Pensémoslo ahora, mujer, ¿que más nos da?
ARACELI : A ti no se, a mí cincuenta patadas en el estómago. (Mirada interrogadora de Ramón). Tú te empeñas en no quererlo reconocer, pero te digo yo que mis padres no son lo que eran. ¡¡Una promesa!! ¿Acaso te puedes creer eso de una persona que, desde que hizo su primera comunión, solo ha pisado las iglesias para acontecimientos sociales?
RAMON : Tú debes conocerla mejor que yo, es tu madre; sin embargo me parece perfectamente respetable que quiera hacer este viaje y desde luego no me parece una niñería; más aún, aunque lo fuese, ¿que tiene de malo un capricho? Son unas vacaciones y, ya que estamos en ello, te diré que a mi me gustaría que fuésemos todos juntos. Otros años hemos tenido algún proyecto mimado, pero este... ¿Por qué, pues, no ir a Galicia? Ya no es solamente por el aspecto religioso, que tendrá sus curiosidades, qué duda cabe, sino que habrá muchísimas otras actividades culturales.
ARACELI : Todas ellas relacionadas con el Camino de Santiago.
RAMON : ¡Joder, Araceli! ¿Que me dices de la Semana Santa, el Rocío, o la Feria de Sevilla?
ARACELI : ¡Que entusiasmo!... ¿Por qué no le has dicho directamente a mi padre que contase con nosotros?
RAMON : Porque antes tenía el deber de convencerte.
ARACELI : Pues continúa, que lo estás haciendo de maravilla.
RAMON : Mira, me había hecho el propósito de no intervenir en asuntos relacionados con tus padres en tanto no se me pidiera, pero esta situación nos empieza a afecta ya a todos.
ARACELI : ¿A cuál situación te refieres?
RAMON : A la tensión que se establece en cuanto tu madre y tú estáis juntas; algo ocurre que hace que los demás nos sintamos violentos e incluso incómodos.
ARACELI : Habla por ti.
RAMON : Es evidente que nos ocurre a todos, solamente hay que fijarse un poco en los demás.

martes, 17 de mayo de 2011

Doña Isabel 4:

ISABEL : (Haciéndole un mimo). Estoy muy contenta, Gonzalo.
GONZALO : Yo también, abuela (se besan). Papá, me gustaría que vosotros vinierais también.
AGUSTIN : Si tu madre no se convence sola, verás como entre todos conseguimos engatusarla.
GONZALO : ¡Ponte pesado, anda, que tú lo bordas!... (bromea con Ramón amagándole boxísticamente). Os dejo yo también y por el mismo motivo que mi hermana. (Sale).
RAMON : ¿Qué día es el último para darles una contestación?
AGUSTIN : El viernes por la mañana estamos citados en la agencia de viajes.
RAMON : Jueves por la noche, entonces. Intentaré que la respuesta sea sí.
ISABEL : No tienes necesidad de forzar las cosas, Ramón.
RAMON : Ya veremos, porque a mí también me está apeteciendo ese viaje. Allí debe de haber algo..., como en el agua bendecida... y si no encuentro nada, por lo menos habré conocido un lugar bonito y además, ¡qué caramba!, mientras vamos y venimos encontramos gente por el camino. Por cierto, si por fín fuéramos todos juntos, los gastos se calcularían a tanto por persona, ¿estamos de acuerdo?
AGUSTIN : Lo estamos, menos en lo que se refiere al alquiler de la casa, que corre de nuestra cuenta.
RAMON : No, abuelo. Usted dijo antes que si nosotros no vamos alquilarían solo junio.
AGUSTIN : Ya no. Es casi seguro que los chicos van a venir, así que de todas formas alquilaremos para los dos meses; vuestra decisión solo influirá en el número de camas extra que, seguramente, habrá que pedir que nos instalen.
RAMON : Aún así, la parte de los chicos...
ISABEL : El alquiler es nuestro, Ramón, de cualquier manera y por lo que respecta a los niños permítenos invitarlos en el caso de que vosotros no vengáis.
RAMON : Estamos de acuerdo. Trato hecho.
ARACELI : (Sólo se oye la voz). ¡¡A cenar!!

Telón.

martes, 10 de mayo de 2011

Doña Isabel 3:

BLANCA : (Desde el rincón). No las tenemos, pero me acabo de dar cuenta de que me gustaría muchísimo hacer el Camino de Santiago, ¿a ti no, Gonzalo?
GONZALO : No se, no había pensado en ello.
BLANCA : Si te animas, convenzo también a Eduardo y lo hacemos. Seriamente. Desde Roncesvalles a Santiago y nos reunimos con los abuelos.
ARACELI : ¿Y los trabajos? Las empresas no permiten que la gente disponga de sus vacaciones en cualquier momento.
BLANCA : Tanto Eduardo como yo podemos organizarnos con los compañeros perfectamente. Las empresas se están flexibilizando, mamá...
ARACELI : Algunas. Bueno, pues asunto zanjado. Que cada uno haga lo que mejor le parezca.
RAMON : Escucha, Araceli. A mi lo mismo me da ir a un sitio que a otro, bien lo sabe Dios, pero puesto que el resto de la familia va a Galicia, ¿por qué no nos unimos? Si han surgido así las cosas, aceptémoslas y disfrutemos de ellas.
ARACELI : No han surgido. Las ha organizado mi madre a su antojo y sin contar con nadie. En fin... Para que las costumbres no se pierdan.
AGUSTIN : Vamos, vamos, no tergiverses las cosas.
ISABEL : Oíd: hay algo que Agustín y yo queremos hacer y nos parece obligado informaros puesto que vivimos en comunidad; es lo que estamos haciendo antes de comprometernos con terceras personas. ¿Que no os interesa la proposición?, no pasa nada, no veo motivo para este alboroto.
BLANCA : Alboroto no, abuela, su nombre es Araceli y es tu hija.
RAMON : (A Araceli). ¿Está decidido?
AGUSTIN : Hay casi una semana para pensarlo, no os precipitéis.
ARACELI : Voy a la cocina, porque supongo que, con Santiago o sin él, querréis cenar.
ISABEL : ¿Necesitas ayuda?
ARACELI : No, gracias. Anoche la dejé muy adelantada. (Sale).
RAMON : (Un poco incómodo). ¿Qué, Gonzalo? ¿Que tal por el cole?
AGUSTIN : Oye, Ramón, me sabría muy mal que este viaje fuera motivo de discusión entre vosotros. Es posible que lo hayamos enfocado mal, pero nos pareció lo más adecuado...
RAMON : No se preocupe, abuelo. Todos sabemos como es Araceli... De entrada tiene que llevar la contraria y, media hora más tarde, se erige en abanderada de la misma causa.
BLANCA : Y algunas veces se pasa muchísimo. Bueno, nosotros a lo nuestro (apoyando cada mano en un brazo de cada uno de los abuelos). Mañana por la mañana yo hablo con Eduardo y, si está de acuerdo, por la tarde lo hablamos los cinco (toca el brazo de Gonzalo) y concretamos, ¿os parece bien?
ISABEL : Muy bien, Blanca.
AGUSTIN : Perfecto, hija.
BLANCA : Entonces os dejo. Voy a estudiar un poco hasta que esté la cena.
AGUSTIN : Y a ti, hijo (apoya un brazo sobre el hombro de Gonzalo), ¿te gusta la idea de tu hermana?, porque ella te ha incluído en la expedición pero a ti no te he oído decir ni pío.
GONZALO : Abuelo, Blanca me ha incluído porque antes, cuando habéis empezado a levantar la voz, se os escuchaba perfectamente desde la cocina; yo estaba merendando y cuando ha llegado ella y la he puesto al corriente se me ha escapado el entusiasmo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Doña Isabel 2:

RAMON : Araceli, por favor, Araceli, no empecemos con tus sacapuntas.
ARACELI : Se me ha preguntado y estoy opinando, ¿acaso no puedo?
RAMON : Coño, Araceli, cállate ya.
ARACELI : ¡No...!
AGUSTIN : Bueno, bueno...
ISABEL : Mirad, nosotros vamos a ir a Galicia en el mes de junio y el abuelo ha pensado que a vosotros podría apeteceros también y en ese caso habría que organizar el viaje de otra manera. Pero ni que decir tiene que no estáis obligados. Nosotros también respetamos... aunque no comprendamos.
ARACELI : La guinda...
RAMON : (Con la mirada intensamente fija en Araceli). Hablemos razonadamente, que muchas veces somos capaces. Nosotros aún no hemos pensado en vacaciones, salvo las fechas, ¿tienes elegido tú algún sitio concreto?
ARACELI : Concreto, concreto, no.
RAMON : ¿Una zona determinada?
ARACELI : Cualquiera que no sea Galicia.
RAMON : A ti te gusta el Norte...
ARACELI : Sí, pero no este año.
AGUSTIN : Escuchadme antes de continuar, por favor. Estamos en conversación con una agencia de viajes a la que fuimos a pedir información...
ARACELI : Si todo está tan organizado no se para qué...
AGUSTIN : Por favor (sonriendo)... Nos alquilan una casa junto al mar en una aldea próxima a Santiago. Es una casa anticuada que no tiene lavaplatos, por ejemplo, pero hemos visto unas fotografías y la verdad es que nos gusta mucho. El precio es razonable; la única dificultad es que tenemos que confirmar la reserva en el plazo de una semana, por lo que tú dices (a Araceli), Galicia este año... Y eso es todo. Si os animáis, pago la fianza por dos meses de alquiler, si no, lo hago solamente por junio.

(Entra Blanca en el salón y, sin hacerse notar, se sienta al fondo de la habitación).

RAMON : A mi no me desagrada el plan, Araceli.
ARACELI : Pues a mí no me seduce ni un poquitín pasar las vacaciones hundida en una permanente aglomeración.
RAMON : ¿Donde lo evitas en julio y agosto?
ARACELI : Mira, que vayan ellos puesto que lo han decidido así. Nosotros tenemos tiempo, ya haremos nuestros planes con tranquilidad.

(Entra Gonzalo y se sienta al lado de Blanca en silencio).

ARACELI : ¿No habéis contado (dirigiéndose a los abuelos) con la posibilidad de integraros en uno de esos viajes que se organizan para personas de la tercera edad?
(Mirada fulminadora de la abuela).
No me mires así, madre, lo digo porque este año los habrá a cientos y seguro que la diferencia de precio es considerable. ¿Por qué no sacar partido de aquello que, interesándonos, se nos ofrece?
ISABEL : Es que no nos interesa.
ARACELI : Bien. No digo más.
RAMON : ¿Por qué no preguntamos a los chicos? A lo mejor ellos tienen alternativas ocurrentes.

domingo, 8 de mayo de 2011

Doña Isabel 1:


RAMON : La abuela quiere reconciliarse con la iglesia.
ARACELI : Que cuando la hiciste y por qué. Nunca te he oído hablar de ella.
ISABEL : ¡Psch!... ¡Cosas de viejos!
ARACELI Sí que deben de serlo.
AGUSTIN : Veréis. A nosotros nos gustaría estar en Galicia un mes y, como vosotros soléis coger vuestras vacaciones en el mes de julio (mirando alternativamente a la hija y al yerno), no se si este año...
RAMON : Sí. También en julio este año.
AGUSTIN : Pues hemos pensado que podríamos alquilar una casita por allí para dos meses. (Respingo de los hijos en sus asientos). Nosotros nos iríamos en junio para hacer al menos una parte del Camino y en julio nos reunimos todos y pasamos las vacaciones en el mar.
RAMON : (Mirando a Araceli con expresión interrogante). ¿Por qué no? Nosotros...
ARACELI : (Muy secamente). Nosotros, a lo mejor, tenemos otros planes.
AGUSTIN : Pues por eso queríamos hablar con...
ARACELI : A Galicia; este año nada menos...
ISABEL : Este año precisamente ha de ser.
ARACELI : ¿Habéis pensado en el gentío que habrá y que tanto os molesta?, ¿en las dificultades para encontrar alojamiento?, ¿en los precios disparatados que tendrá todo por allí?
RAMON : Araceli, naturalmente que han tenido todo eso en cuenta y, sin embargo, quieren ir; has oído, igual que yo, que tu madre tiene que cumplir una promesa y esas cosas, estarás de acuerdo, supongo, son de respetar.
ARACELI : Seamos serios, ¿os parece? Todos sabemos que mi madre nunca ha sido una persona religiosa. ¿Que tenéis el capricho de visitar Santiago de Compostela? (dirigiéndose a los abuelos); lo comprendo y lo respeto; lo que no entiendo es que tenga que ser ahora, en pleno follón de año santo.

viernes, 6 de mayo de 2011

Doña Isabel

Personajes:

ISABEL, abuela
AGUSTIN, abuelo
ARACELI, hija
RAMON, yerno
BLANCA, nieta
EDUARDO, novio
GONZALO, nieto
DOLORES, vecina


PRIMER ACTO - Cuadro Primero

(En el salón de la casa. El abuelo estudia un montón de papeles sobre una mesa. La abuela, en un sillón, lee un libro rodeada de varios más que consulta de vez en cuando. Entra Araceli que llega de la calle).

ARACELI : Siempre os encuentro igual. Buenas tardes. Hola papá (le da un beso). Hola, madre (pone una mano sobre su hombro). Hace una tarde estupenda, un sol magnífico y la calle está llena de gente...
ISABEL : Sin duda.
ARACELI : ...¿No podríais salir a dar un paseo?... Acabareis apolillándoos, siempre encerrados en casa... Hay tantas cosas que podríais hacer...
AGUSTIN : Ya fuimos esta mañana a comprar, dimos un paseo por el parque...
ISABEL : Ya lo sabe, Agustín; ya sabe que si no salimos es porque no queremos. ¿No viene Ramón?
ARACELI : Ahora subirá, estaba intentando aparcar, ¿por qué?, ¿pasa algo?
AGUSTIN : No, nada. Es solo que nos gustaría que hablásemos de... ¡las vacaciones!
ARACELI : ¡¿Ya?!...
(Entra Ramón con el ceño fruncido y resoplando).
RAMON : Buenas tardes, ¿qué hay?
ISABEL : Hola, Ramón. Cansado, ¿verdad?
AGUSTIN : ¿Qué hay? ¿Una cerveza? (Se dirige hacia el interior y por el camino pregunta) ¡¿Quereis vosotras algo?!
ISABEL : ¡No!
ARACELI : ¡No, gracias, papá!... Bueno. Pues ya estamos todos aquí.... (Dirigiéndose a Ramón). Los abuelos esperaban que llegases tú para hablar de las vacaciones.
RAMON : No vamos a ir a ninguna parte... ¿Qué vacaciones?, ¿las de Semana Santa?
ARACELI : No me lo preguntes a mí.
AGUSTIN : (Entrando con las cervezas). No, las de Semana Santa, no. Nos referíamos a las de verano. Nos gustaría saber si habéis hecho ya algún plan porque mamá tiene promesa de ir en peregrinación a Santiago de Compostela y estamos estudiando (señala los papeles que hay sobre la mesa) fechas.
ARACELI : ¿Y para eso nos necesitáis? Puesto que el viaje ya está decidido, cualquier momento es bueno. (Se dirige a la madre) ¿Y esa promesa?
ISABEL : (Hojeando un libro) ¿Qué pasa con ella?